Ejemplar comunidad de hondureños en Girona por Alberto M. de Vidales

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Autoridades, académicos y la comunidad originaria de Girona coinciden en que los catrachos son un ejemplo migratorio en esa localidad.


A Gloria Midence y a su esposo Juan Carlos García los conoce medio Girona. Ellos, desde hace cuatro años, se encargan de ponerle olor y sabor catracho a esta ciudad enclavada en un colorido rincón de la provincia autónoma de Cataluña, España.
Ellos, con 20 años residiendo en Girona, son los dueños de Blessing, uno de los restaurantes más visitados de la ciudad. Son un claro ejemplo de cómo no menos de 30 mil catrachos han invadido esta provincia española.
Juan Carlos cuenta que, como suele suceder, el comienzo fue duro, pero asegura que “por la gracia de Dios el negocio ha ido creciendo y nos encontramos en una época muy favorable que nos ha llevado a cambiar de local porque el primero se nos quedó pequeño”.
Estos emprendedores, que han formado una familia cristiana en Girona, explican que tienen claro que ayudan a que muchos compatriotas se sientan un poco más cerca de su hogar.
Gloria explica que su integración ha sido “plena y muy satisfactoria”, así como destaca que la mayoría de su familia se encuentra en Girona.
Su larga estancia en la ciudad de Girona les ha convertido en testigos de cómo la comunidad está atravesando una invasión catracha que ha dejado una buena impresión entre las autoridades locales.
Buena imagen
Silvia Paneque es una líder del Partido Socialista de Cataluña, en Girona, y durante su presencia en el gobierno de coalición en el Ayuntamiento (Alcaldía) de la ciudad, en su condición de concejal, se ha mostrado siempre muy cercana al colectivo catracho por la rápida integración que han tenido los hondureños.
“Ha sido muy fácil (la integración) porque es un colectivo que al llegar a nuestra ciudad rápidamente tuvo claras dos cosas: querían mostrarse muy orgullosos de sus raíces y demostrarlo a sus conciudadanos… y por otra parte están muy dispuestos a integrarse en el día a día de la ciudad, lo que facilitó que nos pudiéramos conocer rápidamente y pudiéramos empezar a trabajar de inmediato”, contó.
La concejal reconoció que “hay que mejorar la forma en que les recibimos, cómo les facilitamos toda la información que van a necesitar para empadronarse, para tener cobertura sanitaria o para escolarizar a sus hijos. También hay que darles a conocer a las entidades y asociaciones que les pueden ayudar para facilitar su integración”.
Asimismo, piensa que “es necesario que vayan ocupando lugares de decisión y del ámbito público de la ciudad, algo que hará que el colectivo sea más visible y que también contribuya con su punto de vista al bienestar de todos los ciudadanos”.
Muchas mujeres hondureñas que viven en Girona se dedican a tareas de cuidado de ancianos y limpieza doméstica, entre otras actividades, y Paneque asegura que “es necesario proteger sus derechos laborales y que ellas tengan conocimiento de estos derechos, ya que en algunas ocasiones su situación laboral es bastante precaria”.
Son ejemplo estudiantil
Otra personalidad que conoce muy bien a la comunidad catracha de la provincia de Girona es Salvador Martí, profesor de la Universidad de Girona y autor de diversos trabajos sobre América Latina, entre ellos el reciente estudio “La otra ruta migratoria de Honduras: El caso de Girona”, elaborado junto al estudiante catracho Nahún García.
Martí explica que el estudio surgió por dos motivos principales: por un lado la amplia comunidad hondureña que vive en la provincia de Girona, que le hizo interesarse por los motivos por los que tantos catrachos han decidido vivir en un territorio de no más de 750,000 habitantes, y por otro la existencia de un estudiante catracho en el último curso de la carrera de Ciencias Políticas que también mostró su interés en el proyecto.
“El colectivo catracho tiene menos visibilidad de la que debería (tener) por su importancia, pero por el otro ha sido relativamente sencillo entrar en contacto con esta comunidad, no es un colectivo cerrado, es dinámico y activo y ha resultado más fácil ponerse en contacto con ellos que con otras comunidades, algo que sin duda también ha facilitado el idioma”.
Uno de los datos más sorprendentes del estudio elaborado por este profesor de la Universidad de Girona es el que establece que en la ciudad de Girona hay una densidad de población de 103 hondureños por kilómetro cuadrado.
El profesor también recuerda que se trata de una inmigración muy feminizada, pues las mujeres son mayoría en una proporción de tres a uno respecto a los hombres. Muchas de estas mujeres trabajan en el servicio doméstico, por lo cual estas personas no están en la calle, sino que pasan en las casas en las que trabajan. Otras se desempeñan en la hostelería.
Explica que los sueldos que cobran los hondureños muchas veces están por debajo de lo que oficialmente deberían cobrar precisamente por la falta de permisos de residencia y trabajo, y además suelen trabajar muchas horas y con mucha exigencia.
Líderes
Delmer Villanueva, Alex Suazo y Saady Suazo son miembros de la Asociación Social Cultural de Honduras en la Provincia de Girona y tienen muy clara la importancia de la comunidad catracha en esta ciudad que los ha adoptado.
Villanueva explica que la asociación nació en el año 2013 y reconoce que desempeñarse en esta sociedad “no ha sido fácil, ya que resulta complicado mantener un equilibrio en el ámbito asociativo”.
a lex Suazo remarca que su función es la de “ejercer de intermediarios entre el colectivo catracho y las autoridades y organismos locales”.

Saady Suazo asegura que los hondureños que residen en la provincia de Girona presentan algunas dificultades para convalidar los estudios, así como la imposibilidad de convalidar en España el carné de conducir obtenido en Honduras.
Una de las causas por las que más está luchando esta asociación es por la apertura de una oficina consular en la provincia de Girona, ya que en la misma residen más de 30,000 hondureños que se tienen que desplazar hasta Barcelona para realizar todos sus trámites oficiales.
Saady Suazo considera que “estamos en disposición de exigir una oficina consular por la cantidad de compatriotas que viven en la provincia, y además estamos muy cercanos a Francia, un país en el cual también hay un gran colectivo de catrachos”.

 

 

 

 

 

 

 

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